El nacimiento del aikido
El guerrero del antiguo Japón consideraba a su katana (Sable) como un objeto valiosísimo, sagrado, al cual tributaba respeto y hasta veneración, pues simbolizaba la justicia, el coraje, la benevolencia, la cortesía, la veracidad, el honor y la lealtad, es decir, todos los valores más elevados que constituían el espíritu de la tradición japonesa. La palabra Samurai significaba “El que sirve” o “Servidor”, pero con el perfil de un guerrero estratificado jerárquicamente en una casta especial, y movido por intereses que se hallaban más allá de sus propias conveniencias; su propósito: defender el honor y las posesiones de un señor feudal en el Japón medieval. El nombre Samurai se usaba frecuentemente en los tiempos del Clan Fujiwara y su influencia se extendió hasta la Restauración Meiji, en 1868, como se puede ver en el siguiente esquema:
Los Samurais conocían y practicaban varios métodos de combate cuerpo a cuerpo. Sabían acerca de la importancia de aprovechar la fuerza y captar la intención del oponente, sin resistir, y aunque esto parezca contradictorio, “evitando en lo posible desenvainar el sable”, pues una vez liberado el filo letal, el corte era inminente y definitivo. En consecuencia, había que ejercitar el dominio de la mente y el cuerpo para alcanzar su posterior coordinación, o, en otras palabras, su armonización. En esto se basa la doctrina Aiki (Armonizando con la Energía), es decir, “hacerse uno” con el oponente, con la Naturaleza. Esta doctrina se funda en la idea de ceder para unificarse con el sable del adversario. Pero si llevamos esta noción al plano meramente personal, la tarea más ardua reside en armonizarnos con nosotros mismos, esto es, aquella labor cuyo propósito consiste en alcanzar la propia "coordinación mente-cuerpo", para superar pues nuestros temores, falencias, y egoísmos más íntimos. Así planteada entonces, ésta es la primera contienda y quizás la única. La misma doctrina inspira el Aikijutsu (Técnicas de combate cuerpo a cuerpo para armonizar con la Energía), que da lugar, posteriormente, al contemporáneo Aikido (Vía de la armonización con la Energía), en el sentido amplio de camino integral para la formación del carácter y la voluntad de la persona.
Los conocimientos del Aikido se remontan mucho más atrás en el tiempo que los períodos de guerras intestinas entre Samurais, pero, no obstante, la actitud del practicante de Aikido de hoy se funda en el propósito de lograr una mayor comunicación con el prójimo, teniendo en cuenta sus diferencias, y tratando de aceptarlas.
El Aikido es un Arte Marcial defensivo por completo, y resulta plenamente acorde con el sentido del Budo pues hace hincapié en la manera de “detener el sable”, es decir, o bien para contener el propio sin desenvainarlo, o bien para desviar el sable del oponente. A partir de la enseñanza del Do (Vía, camino integral), podemos observar que la tradición de los nobles guerreros, extraída desde aquellas épocas remotas y adaptada hasta la actualidad, a modo de juego y de gimnasia, puede sin duda contribuir a la formación de las personas, para ayudarlas a enfrentar los embates del mundo de hoy con una actitud mas libre, sincera y decidida. Asimismo, el Kenjutsu (Arte del sable) ha contribuido a establecer el fundamento de la cultura japonesa y la actitud del Samurai, ya que estaba de acuerdo con el código del Bushido (Vía del guerrero), en el que un comportamiento deshonesto o vil quedaba fuera de lugar. Por esto el Bushido con el transcurso del tiempo se humanizó para convertirse también en un auténtico y completo sistema educativo. Este cambio se produjo definitivamente hacia el final de las rivalidades y enfrentamientos feudales, es decir, en los comienzos de la Restauración o Período Meiji. De esta manera, el Bushido, enriquecido con el correr del tiempo y la contribución de todas las influencias recibidas, se transforma, desde la categoría de instrucción netamente militar, hasta la de método para la educación del carácter y formación de la personalidad. Por ello, además, resulta inapropiado hablar de "instrucción" en Aikido debido a los años requeridos para tener apenas una visión amplia de la estructura de esta disciplina, y a las dificultades que presenta la coordinación mente-cuerpo, consigo mismo y con los demás, y en la cual las técnicas de combate conforman solamente una parte de la misma, pues constituyen meramente "el medio para" comenzar el trabajo sobre la personalidad y el carácter. En consecuencia, si hablamos de un método para la educación del Hombre, quizás resulte más adecuado referirse al Aikido no desde la instrucción, sino desde el punto de vista de la enseñanza superior.
El Fundador del Aikido permitió el tránsito desde el Jutsu (Arte o técnica) hacia el Do, es decir, una Vía orientada en el sentido de un “camino”, por tener como propósito alcanzar el desarrollo completo del Hombre. Por ello, el Aikido es el resultado de la evolución de las Artes Marciales en el Japón, cuyo objeto consiste en pretender mejorar la relación del Hombre consigo mismo, para que pueda vivir mejor en sociedad, y, asimismo, en el Universo, y cuya característica principal radica en la necesidad de humanizar las Artes Marciales. Y para finalizar, además de un entrenamiento físico, se requiere una disposición moral determinada que asignan al Aikido las características de ese Do, o de un auténtico método educativo, pues consiste en un camino dirigido hacia la Sabiduría, del cual surge una búsqueda orientada hacia la perfección física, psíquica y espiritual, y de la cual se desprende un compromiso firme y un comportamiento amable, dirigido hacia la armonía con nosotros mismos y con los demás. |

El combate entre Samurais era decisivo, el menor error significaba una herida y quizás la muerte. El bushi (Guerrero), denominación más genérica, cubierto con una armadura, tenía pocas posibilidades para moverse. De ahí la importancia de mantener una apropiada distancia del oponente. Por lo tanto, los cortes se dirigían hacia las articulaciones de dicha armadura, es decir, sus partes más débiles, o, asimismo, hacia las piernas, casi desprotegidas. Las técnicas a “mano vacía” (sin armas) eran simples, pues la misma armadura continuaba dificultando todo movimiento que pretendiera ser sutil. En tal caso, eran más comunes los derribos por tirón o empujón, luego el sable desenvainado hacía el resto.
Los movimientos del Aikido tienen su nacimiento también en el uso del sable o esgrima japonesa. El brazo extendido, pues, se asemeja a un sable (Tegatana). De esta manera, la ejecución de muchas técnicas se realiza manteniendo la idea de “cortar” como si lo hiciésemos con un sable, por ejemplo, una sujeción, o, usado asimismo para desequilibrar al oponente, para desviar o bloquear un ataque, o bien para proyectarlo algunos metros desde donde nos encontramos. Por ello, hay técnicas de defensa con armas tradicionales, como en el caso del sable japonés (Katana) y técnicas para "manos vacías", es decir, sin armas.
El Aikido es un Arte Marcial, legado de la tradición del Japón y de la sabiduría de Morihei Ueshiba (1883-1969), quién luego de estudiar y conocer los secretos del Budo (Vía de las Artes Marciales) supo adecuarlos a nuestros tiempos manteniendo su sentido original. El propósito del Aikido consiste en continuar el modo pacífico de la tradición del Budo, por ello propone al practicante la tarea de alcanzar un mejor conocimiento de sí mismo y de sus semejantes.
Posteriormente, el Japón arribó al mundo contemporáneo durante el período Meiji, en plena Revolución Industrial de Occidente, y el katana (Sable), que durante siglos fue el arma representativa por excelencia de una cultura, quedó convertido para el mundo de hoy en objeto de admiración para el artista, y en un símbolo para el guerrero. No obstante, debido a su prolongada historia particular y cualidades excepcionales, sigue ejerciendo aun hoy una notable influencia en el pueblo japonés, por su significado en la tradición. 